Capitulo 1 - Zona Segura

    Año 2038, Argentina, Buenos Aires. El brote del cordyceps que surgió en Septiembre del 2013 rápidamente se convirtió en una pandemia. Al principio las personas infectadas eran tratadas en hospitales y no se alarmaban por los síntomas que parecía una simple gripe. El hongo crece en el cerebro inhabilitando el control del ser vivo con su cuerpo. Los infectados comenzaron a ir en aumento por medio de las mordidas, todo se convirtió en un ambiente de supervivencia. La infección tiene varias etapas: 

Etapa 1 “Corredores” (sucede 1 – 2 días luego de la infección): Pérdida menor de la visión, agresividad, tendencias al canibalismo.

Etapa 2 “Acechadores” (sucede 1 – 2 semanas luego de la infección): El hongo comienza a crecer alrededor del rostro perdiendo más la visión, son más escurridizos y veloces.

Etapa 3 “Chasqueadores” (sucede 1 – 3 años luego de la infección): La infección les cicatriza completamente la cara, haciendo que pierdan totalmente la vista y desarrollarán una forma primitiva de ecolocación, como los murciélagos, utilizando sus chasquidos. La fuerza incrementa y las placas fúngicas del rostro funcionan como protectores.

Etapa 4 “Gordinflones” (sucede 1 – 2 décadas luego de la infección): Los gordinflones son los más raros y peligrosos de encontrar, suelen estar en lugares bastantes alejados de la civilización o escondidos. Todo su cuerpo está protegido por las placas de los hongos haciéndolo invulnerable. Al igual que los chasqueadores, su visión es obstruida y utilizan ecolocación. Es mejor no enfrentarlos ya que si te atrapa te matará instantáneamente.

 Al pasar los años, la humanidad se las arreglaba para sobrevivir, se separaban en facciones y continuaban atacándose entre ellos. Mi familia y yo logramos asentarnos en una ciudad de Buenos Aires con muchos grupos de supervivientes. Nos turnábamos para salir de cacería, defender puntos de control, buscar provisiones, explorar lugares lejanos para encontrar nuevos asentamientos, medicamentos que poco a poco se escaseaban. 

   Mi nombre es Maximiliano Hernández, pero suelen llamarme Max para abreviar, tengo 20 años y me encuentro viviendo en la ciudad de Isidro Casanova junto a mi familia. Esta zona estaba repleta de infectados, así que con otras personas logramos limpiarla para reconstruir lo que quedaba de la ciudad. Según mis padres, y otros supervivientes del 2013, antes solía ser una hermosa ciudad donde niños jugaban, aprendían, familias y amigos disfrutando del momento. Sinceramente me resulta difícil imaginarme todo eso ya que muy pocas personas actúan así hoy en día, intento hacer lo mejor para que mis hermanos se distraigan un poco y puedan ver un lado positivo de todo este desastre.

   Mis hermanos nacieron un año después del otro. Primero nació Tomás, aunque le decimos Tom, en 2027 y en 2028 mi hermana Lizzy, pero mi hermano y yo le decimos Liz. Desde que tienen uso de razón siempre hacían buen equipo, los observo cada vez que caminamos por la ciudad o al hacer algunas tareas locales. Así como hacen quipo en todo también se pelean por todo como cualquier hermano. Algunas noches salimos a escondidas de nuestra casa para ir a una plaza cerca y observar las estrellas mientras toco mi guitarra, siempre me piden alguna que otra canción. Aprendí a tocar gracias a Daniel, un anciano muy supersticioso como también talentoso. Me enseñó las notas básicas e improvisación, me contaba historias de algunas bandas, cantantes solistas, ojalá hubiera nacido antes de todo esto para disfrutar esos momentos. Me regaló su aparato para reproducir música utilizando un “cassette”, se llama walkman y es hermoso poder escuchar algo asi con estos aparatos.

   Con mis hermanos hacíamos una fogata y me ponía a tocar temas como “take on me” de la banda a-ha, “beat it” de Michael Jackson, “it’s my life” de Bon Jovi. Muy buenas canciones de los cuales me volví fan y mis hermanos también, algún día les enseñaré a tocar la guitarra. Terminando de tocar una canción Liz escucha ruidos de unos arbustos:

Liz: ¿Escucharon eso?

Max y Tom: ¿Qué?

Liz: Juro que escuché algo de esos arbustos

Max: Okay, voy a revisar. Quédense acá y no hagan ruido.

   Tomo mi machete y me acerco al arbusto. Según Liz, ella escuchó pero ni Tom ni yo pudimos hacerlo. Al acercarme un poco más siento la presencia de algo o alguien detrás, si no voy con cuidado puede que estemos en problemas. Antes de dar un paso más escucho el grito de mi hermana, doy media vuelta y veo a un corredor a punto de atraparla, rápidamente me dirijo hacia el corredor para cortarle la cabeza con el machete. Del arbusto salen dos corredores más entonces decidimos escapar hacia el centro de control que se encontraba un par de manzanas cerca de la entrada de la ciudad. 

Max: Ahí está el centro, rápido!

Tom: Ya no puedo más, me estoy cansando Max!

Liz: Vamos Tom, ya estamos cerca!

   Tom se tropieza, de un edificio salen varios corredores más, levanto a mi hermano y lo llevo cargando. Llegamos al centro y los guardias se encargan de eliminar a los corredores.

Guardia 1: ¿Ustedes que estaban haciendo afuera a estas horas? Deberían estar en sus casas.

Max: Disculpe, fue mi culpa, quería llevar a mis hermanos para ver las estrellas y disfrutar la noche. Es toda mi culpa.

Guardia 2: Tienen suerte de haber llegado, no podríamos soportar más… (Su compañero interviene)

Guardia 1: Será mejor que regresen antes de que metan en más problemas. No diremos nada, pero la próxima vez que los encuentre en la misma situación deberán pagar.

Max: Okay, no volverá a pasar.

Llegando a casa

Max: ¿Cómo está tu pie Tom?

Tom: Bien, al menos ya no duele tanto. Si mamá o papá preguntan les diré que me tropecé jaja!

Liz: Es raro que haya corredores en la zona, pensé que estaba segura.

Max: Yo también creí eso, las barricadas deberían obstruirlos.

Liz: Además ¿notaron que esos guardias se comportaban raros?

Max: Es cierto.

Tom: ¿Me explican?

Max: Cuando un guardia nos estaba regañando el otro intervino para terminar el asunto, creo que están ocultando algo.

Liz: Si… ¿Acaso los infectados lograron superar las barricadas?

Max: Es difícil que pasé eso pero la posibilidad existe. Mañana me encargaré de revisar eso. Ahora entremos antes de nuestros padres descubran que…

   Abro la puerta y nuestra madre  nos estaba esperando preocupada pero a la vez furiosa.

María: ¿Qué carajos estaban haciendo afuera a estas horas?

Max: Fue mi culpa, quería llevarlos a ver las estrellas y hacer una fogata. 

María: ¿Acaso no saben el peligro que hay ahí afuera? Entren antes de que su padre los encuentre y los aniquile.

   Mamá siempre fue muy sobreprotectora y hasta se unía a nosotros para no meternos en problemas. Papá es el más exagerado de todos pero sé que lo hace por nuestro bien.

Ya en nuestra habitación

Max: Bueno, creo que fue suficiente acción por hoy no?

Liz Y Tom: SI!!

Max: Mañana empiezan sus clases de exploración ¿cómo se sienten?

Tom: Muy emocionado, ya quiero poder salir al exterior, ver nuevos paisajes y lugares. Esta ciudad se volvió algo aburrida.

Liz: pienso igual, todo es tan monótono. Que se sentirá estar afuera. ¿Nos cuentas Max?

Max: Bueno, afuera es hermoso, muchos árboles, varios animales salvajes, ruinas de los edificios que había antes de todo esto. Pero también hay peligro, afuera no solo hay corredores, también hay infectados de todo tipo. Deben tener mucho cuidado.

Tom: Eso seguro, nosotros lo tendremos. ¿Verdad Liz?

Liz: Claro! Somos casi expertos

Max: Bueno, hoy los vi correr como locos jaja!

Liz y Tom: Ohh vamos!

Tom: fue sólo… emm… reflejos de… supervivencia!

Liz: Si si fue exactamente eso!

Max: Claro, lo que digan. Bueno es hora de dormir, que descansen. Mañana será un largo día.

Liz y Tom: Que descansen!

   En ese momento mis hermanos se durmieron pero yo no podía cerrar los ojos, saber que posiblemente haya más infectados por la zona. Debo revisar esas barricadas a primera hora, ni mi familia ni mi ciudad pueden estar en peligro. 

Max finalmente logra conciliar el sueño, una breve vista de la ciudad a lo lejos y se escuchan los gritos del peligro.


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